4.- LA AMPUTACIÓN DE UN BRAZO
Y concretamente aún más sobre las PARTERAS (mujeres que atendían partos sin ninguna titulación) no es menos duro :
“Mil y mil parturientas dejan de existir entre las penosísimas agonías de un parto trabajoso por las bárbaras operaciones del intruso comadrón ó asquerosa partera, que con incalificable atrevimiento arrostran los inconvenientes y eventualidades de un acto tan delicado y sublime y muchas de las primeras que sobreviven después de luchar con la muerte, llevan una vida cercada de tormentos, hasta que un prematuro y fatal término acaba con su mísera existencia. Innumerables fetos bien organizados y mejor nutridos no llegan á ver la luz, porque la inútil partera no supo practicar una sencilla operación, ó porque si su brutal ignorancia la inspiró, alguna, no pudo tener otro resultado que la muerte del feto por estrangulación: así es como se hacen sacerdotisas de la Diosa Bowaiene; así es como priva a la sociedad de infinitos miembros, y á las madres el caro fruto de su legítimo amor. Los manes de todas estas inocentes victimas sacrificadas ferozmente a la sórdida ignorancia”
En el 7 de enero de 1849<!--[if !supportFootnotes]-->[37]<!--[endif]-->escribe:
"Parto de dos gemelos.-Ataques de eclapsia.-Terminación del parto por medio de instrumentos. Desarrollo de una gastro-entero.neumonitis.-Muerte entre el sétimo (sic) y el octavo día.-"
En este articulo refiere un caso de una parturienta atendida por él en Octubre de 1844 por Eclampsia (entonces frecuentemente mortal).No le gusta la presencia de una partera que luego lo denuncia. Prescribe a la enferma una sangría, llama a sus compañeros, que desestiman sus apreciaciones abandonando el caso. Vicente no abandona, porque le interesa conservar a ésta parturienta de 21 años por "pura amistad".Decide extraer manualmente los fetos, que nacen muertos, y las secundinas. La enferma se recupera pero entre el 7ª y 8ª días "una mortal gastro-entero-neumonitis, sustituyó a la eclampsia y coma congestivo", proceso del que nuestro cirujano describe detalladamente los síntomas. Una partera cree que el cirujano produjo la infección y se le acusa de infanticida. Vicente por su parte arremete contra las parteras (En ese tiempo ejercían al menos cuatro en Vera) llamándolas: “mugerzuelas”, “oprobio de la sociedad”, y “excrecencia mortífera de la especie humana". Los médicos tratan a la enferma al uso de la época. La enferma empeora y muere. Ventosas, cataplasmas, sanguijuelas, vegigatorios, emolientes, jarabes pectorales y unturas, no hacen efecto.
En el nº siguiente de la misma revista, y en la sección de “Reflexiones”: justifica su actuación demostrando en su disertación una gran preparación .
Sobre las parteras de Vera vuelve a manifestarse muy duramente:
“demandan el castigo de los culpados y maldicen desde el limbo los tiempos en que se permitiera por las autoridades competentes el ejercicio de una parte de las instituciones médicas tan delicada, importante y sublime, a unas mugerzuelas sin instrucción sin moralidad y sin corazón. Es un horrible escándalo lo que sucede en este sentido a ciencia y paciencia de los subdelegados porque además se priva a las parturientas de experimentar las dulces emociones dela maternidad, y se las borra el dichoso porvenir que cifraban en la vida de sus hijos. Solo en algún caso extremo, cuando a la naturaleza y á la cirugía no les queda recurso alguno, suelen llamar al profesor, para que esperimente (sic) el profundo sentimiento de presenciar la muerte de uno, dos ú mas seres y destruya en un momento en un momento la reputación que á fuerza de tiempo y estudio adquiriera. Entre los innumerables cirujanos que experimentan lo que dejo indicado, se halla el que suscribe el presente escrito, que piensa ir haciendo una pálida reseña de los partos que ha asistido, en los cinco años que hace se estableció en esta ciudad.”
En el artículo que exponemos a continuación demuestra su excelente preparación teórica y su muy buena experiencia práctica empleando nuevas diatribas contra las parteras. Se trata del publicado en el nº 71 del domingo 1 de abril de 1849:“Parto laborioso por contrición del cuello uterino y falta de movimiento de rotación de la cabeza del feto: estracción: metroperitonitis: gastrocolitis: cistouretritis. Curación”-<!--[if !supportFootnotes]-->[38]<!--[endif]-->. Aquí arremete otra vez contra los médicos del partido y las parteras a la vez que razona sobre la asistencia a un parto muy complicado del que se lamenta no lo hubieran llamado antes; nace un niño muerto, luego surge una peritonitis, colitis e infección urinaria de las que sale la parturienta felizmente, a pesar de la terapéutica empleada de cataplasmas, sangría, lavativas y sanguijuelas; estas últimas son aplicadas en vientre, ano y hasta en la vulva.
6- LA RODILLA DEL JUEZ Y LA RENUNCIA A LA TITULAR
Y en Noviembre de 1849 <!--[if !supportFootnotes]-->[39]<!--[endif]--> se le publica en La Unión una especie de tratado teórico-práctico fechado el 31 de agosto de 1849, con el título:"Memoria y caso práctico sobre hidrartrosis" en el que diserta por largas entregas en varios números de la revista y en dieciséis o diecisiete apretadas y muy bien documentadas páginas sobre el concepto, anatomía patológica, causas, formas clínicas, (citando autores extranjeros, Petit, Blandin, Majorlin, etc) pronóstico y tratamiento de la hidrartrosis. Esta larga exposición teórica no deja de ser una explícita justificación de lo que sigue: el caso del juez invalidado. Y para que nadie pudiera decir que nuestro cirujano sabía poco sobre la afección que le cuesta irse del pueblo, se explaya largamente sobre la enfermedad referida.
Expone el caso de D. Mariano Valdenebro, Juez de 1ª Instancia de Vera, de 35 años de edad, casado, del que refiere que el médico que lo trataba, lo diagnosticaba y lo estaba curando mal por ser la hidrartrosis un proceso quirúrgico que correspondía tratar, solo a los cirujanos (llama por eso al médico “intruso en Cirugía”).Vicente intenta curar durante varios meses a éste juez que tras una simple caída es diagnosticado de “hidrartrosis” iniciando el tratamiento con los procedimientos de la época. Primeramente le aplica sanguijuelas, cuyas picaduras se infectan (aquí comienzan los problemas). El enfermo se va complicando cada vez más de la rodilla. Tras varios meses de tratamiento (finalmente con vejigatorios de cantáridas y moxas) la cosa se complica más y lo que pudo ser nada, acaba produciendo al Sr. Juez una parálisis de los miembros inferiores. Esto hace que tras estas complicaciones el enfermo exija una consulta entre varios médicos lo que acaba con don Manuel Vicente desprestigiado ante sus compañeros y las personas influyentes del pueblo. El alcalde de la ciudad de Vera en aquellos momentos era el médico Don Salvador González Pérez que a su vez ostentaba el cargo de subdelegado de sanidad y en legislaturas anteriores había sido teniente alcalde (AMV. Actas capitulares de 1845 y 1849). Don Salvador y el juez, hacen que Manuel Vicente tenga que renunciar la titular de cirujano de Vera por sentirse perseguido “por las autoridades civiles y judiciales”y herido en su prestigio profesional.
Así lo testimonia nuestro cirujano, en su comunicación a La Unión de agosto de 1849.
Observación.- Don Mariano de Valdenebro , Juez de primera instancia de este partido de 35 años de edad poco mas o menos, de buena constitución ,moreno y de mediana obesidad, padece hereditariamente en la cara y dedos de las manos, una de las variedades del fuego herpético, que desaparece con frecuencia y reaparece con la misma sin causa apreciable;(.....) En uno de los días del mes de marzo último, frío, lluvioso como en este país pocas veces acontece (con esto sabemos que entonces tampoco llovía demasiado) tropezó fuertemente al subir una escalera y llegando a dar con la frente en una pared inmediata se medio conmocionó y cayó sobre las rodillas que experimentaron la fuerza del descenso y los efectos indispensables de la no poca pesadez de su cuerpo. Repuesto prontamente de la conmoción con que le hizo caer, sintió bastante dolor en la rodilla derecha pero pudo levantarse bastante bien y volver por su pie a su casa distante de allí como doscientos pasos. Al dirigirse a ella sin apoyo de nadie, observe desde cierta distancia que claudicaba y llegándome a hablarle movido del deseo de socorrerle, sí necesitaba socorro alguno me contó la ocurrencia y que en la rodilla derecha experimentaba dolor no muy intenso pero que le hacía cojear.
Continúa la historia clínica detallada del accidente del Juez
Indicándome terminantemente le siguiera hasta su habitación, hícelo así en cumplimiento de mi deber y del celo con que desempeño todos los actos que me impone la profesión Descubiertas las partes que habían esperimentado(sic) la acción del golpe, note una contusión en la frente, situada precisamente cerca de la raíz del pelo, de primer grado y del diámetro de una peseta, y en la rodilla derecha que acusaba dolor, no me fue posible apreciar alteración alguna. Sin embargo, considerando la estructura y funciones de la articulación resentida, le previne la quietud, el uso de los resolutivos, que no despreciase aquel incidente porque podría resultar una enfermedad de alguna gravedad siempre pesada en su curso y terminaciones; y que en cuanto a la contusión de la frente podía descuidar, pues aunque siempre son atendibles las lesiones de la cabeza no me pareció oportuno inspirarle temor serio- Siguió puntualmente mis consejos en la tarde y noche de aquel día y con tan buenos resultados que la mañana del siguiente sintiéndose bueno hizo un viaje de una legua contra mi opinión, en el carruage de mucho movimiento y con bastante frió y humedad: practicó sus diligencias regresando a su casa en la tarde del mismo día, no como había salido sino con la enfermedad articular que me temía y quise indicarle cuando le aconsejaba la quietud: observado en esta hora, presentaba los síntomas siguientes
(Parece que el juez empeora)
Sensación de torpeza ó entumecimiento y debilidad en la articulación femorotibial derecha claudicación bien marcada, poco dolor, tumor perceptible a simple vista en las partes interna y externa de la rótula, algo mayor en aquella que en esta; cuyo tumor se aumenta algún tanto en los movimientos de flexión y al comprimir la rótula hacia la polea femoral, de que se halla a cierta distancia estando la extremidad en estensión: no hay cambio de color en la piel de la articulación : el dedo explorador no deja cavidad a pesar del hundimiento, pues tan luego como cesa de comprimir se borra aquella: es tan manifiesta la fluctuación sin recurrir a medios ingeniosos para producirla , que no pudo dejar de apreciarla aun al menos versado. Todas las funciones se ejercen con regularidad y el pulso está en su estado normal. Desde luego se comprende que siendo el paciente acreedor, como todo el que padece, á la consideración del facultativo que se llama para que le restablezca la salud o haga la enfermedad menos molesta y revestido de la autoridad que ejerciera el enfermo, con la que con precisión debo rozarme, haría mis investigaciones con esmero y calma e imprimiría a mi cerebro hasta la más insignificante particularidad, y me dedicaría esclusivamente á conocer su enfermedad, reteniendo el cuadro sintomatológico que dejo indicado y refiriéndolo á aquel tejido de los del aparato articular con quien estuviese en armonía y con el que se pueden esplicar satisfactoriamente los fenómenos morbosos apreciados; en su consecuencia hice el siguiente.
(Por fin tenemos el diagnóstico:)
Diagnóstico. Hidrartrosis simple, de carácter ó índole crónico,
Ordena el tratamiento con sanguijuelas que pronto se complica
Prescripción. Quietud absoluta de la extremidad enferma, cataplasmas emoliente repetida de seis en seis horas que la articulación soporta bien y la aplicación de quince buenas sanguijuelas<!--[if !supportFootnotes]-->[40]<!--[endif]--> a los lados de la rótula que tuvo lugar en la tarde desde el día tercero contando desde el momento que dio la caída cuyo apósito produjo una evacuación regular: encargando al mismo tiempo el abrigo en cama.
(Las sanguijuelas se infectan)
Se siguió esta medicación con puntualidad los días 4º, 5º y 6.°: pero tres ó cuatro picaduras de sanguijuelas se habían inflamado desde el día siguiente, las cuales principiaron á dar alguna supuración en el día tercero de dicha aplicación. Este incidente que con tanta frecuencia ocurre cuando se hacé uso de esos anélidos, no solo dejaba de infundir terror, sino que lo consideré eminentemente favorable para la extinción(sic) de la irritación inflamatoria capsular y la absorción de sinovia acumulada. Sin embargo, el paciente estaba incómodo creyéndolo de alguna gravedad. Prescripción: Se le aplica por mañana en cada una delas picaduras supuradas un parchecillo del ungüento de la tesorera, en quien tiene el enfermo mucha mas fe que yo; pero por la insignificancia de la indicación, no tuve inconveniente en condescender con sus deseos respecto a este punto: con la palma de la mano y de un modo bien fuerte se fricciona cuatro veces al día la superficie articular con diez ó doce gotas de éter acético, exceptuando(sic) los puntos supurados que de antemano están defendidos con los antes indicados parchecitos: frecuentes fomentos y cocimiento emoliente y la continuación de los auxilios de la anterior prescripción.
El enfermo no progresa. Empeoraba. Era tal vez peor el remedio que la enfermedad. Culpa nuestro cirujano al mismo juez enfermo de su mala evolución, por estar muy mal aconsejado por “el médico que lo visitaba”:
“se ejercían los movimientos con entera libertad, era imposible apreciar acumulo alguno de sinovia, ni aun con los medios mas ingeniosos, la enfermedad tocaba a su fin, y algunos días de paciencia por parte del enfermo hubieran bastado á apurar la alteración de la membrana sinovial, que a la sazón debía ser ya insignificante La prudente quietud con el uso bien dirigido de la venda de franela, hubieran consolidado la curación estinguiendo la irritación latente del órgano escretorio ó su irritabilidad pronta a elevarse y reproducir la afección con el mas pequeño motivo: mas la impaciencia del enfermo que observaba la facilidad los movimientos articulares, y la natural figura de la articulación, le confiaron hasta el estremo de salir a calle dos días seguidos y estar de pie algunas horas. No participaba yo de la ilimitada confianza del paciente, y aunque se lo hice entender de un modo bien esplicito(sic), no tuve la satisfacción de que me creyese y siguiera mi opinión, haciendo su gusto u obedeciendo tal vez las inspiraciones del médico que con frecuencia le visitaba y que en tan armonía estaba con el natural deseo que aquel tenia de dejar la cama y permanecer por mas tiempo en la inacción: digo las inspiraciones del médico porque se a no dudar que decía mi cliente que no tenía nada y que exageraba yo la gravedad de la enfermedad y las consecuencias que podía tener repetidas estas aserciones con mucha frecuencia llegaron a convencer al enfermo y su familia y acabaron por crear unas sospechas contra mi que me ofendían hasta el extremo de cualquier modo que después de los dos indicados días reapareció la hidrartrosis con los mismos síntomas qué la primera vez.. aunque me pareció que ahora no era tanta la cantidad de sinovia acumulada. Pero como vivía el enfermo en la creencia de que su enfermedad era simple y sin posibles resultados de entidad, no me pareció oportuno aún valerme de aquellos ausilios(sic) terapéuticos que haciendo padecer por su modo de obrar al enfermo, están sin embargo imperiosamente indicados en esos casos, por ser de prontos y felices resultados- Quise todavía encomendar a la naturaleza y a medios sencillos, la curación de la afección temiendo no se me acusase de echar mano de re-medios cuyo modo de obrar es enérgico y que no estaban en relación con la supuesta simplicidad de la dolencia. Bajo este concepto:
Prescribí. Quietud como antes en cama, compresión con la venda de franela suave y lodo lo igual posible, algunos fomentos astringentes y diuréticos refrigerantes; cu-ya medicación sostenida por nueve ó diez días produjo un resultado ventajoso, pues se halló el enfermo en estado de levantarse y salir a la calle.
Las procesiones de la Semana Santa veratense de 1849 empeoran la situación:
Tan marcado era el buen estado del este enfermo, se ejercían tan bien todas sus funciones y tan natural el aspecto de la articulación afectada, que creí en esta ocasión no solo se había verificado la total absorción de la sinovia, sino también la completa extinción(sic) de la irritación inflamatoria, y aun de la irritabilidad de la membrana sinovial: pero me engañaba a pesar de las pruebas que practiqué con el fin de averiguar si existía aun algún resto de la enfermedad, o la aptitud a reproducirse sin nueva causa; porque habiendo salido el enfermo en la tarde del Jueves Santo y la mañana del Viernes, con motivo de presenciar las funciones de Pasión que se hacen en esta ciudad, tuve el triste desengaño en la tarde del expresado Viernes Santo, de conocer mi error al creer asegurada la curación. En efecto, si en esta ocasión llegó el caso de ser para mí desconocido el verdadero estado de la cápsula sinovial, el poco ejercicio que permitiera al enfermo, me abrió el camino para salir de este error, y me infundió la suficiente resolución para atacarlo mas enérgicamente; cosa que seguramente hubiera hecho antes, si hubiera ignorado los consejos y sugestiones del intruso (El intruso era el médico que lo trataba) y la creencia en que estaba el enfermo. Ya me pareció insuficiente la repetición de los remedios empleados y el uso de otros de iguales propiedades; porque en pocas horas la membrana sinovial había segregado una buena cantidad de humor, los tumores de los lados de la rótula eran algún tanto ovoiformes, la separación del hueso movible de la articulación de la polea femoral se notaba fácilmente. La torpeza en los movimientos y la claudicación volvieron a pronunciarse, y no quedó un síntoma ni signo de la hidrartrosis, que no se manifestara nuevamente y con caracteres mas espresivos que antes.”
Ante el evidente empeoramiento de la rodilla del juez, el tratamiento ha de ser más efectivo, es necesario emplear los vejigatorios y las cantáridas:
“Prescripción. Quietud en cama y dos grandes vegigatorios alcanforados que cubrian toda la superficie articular exceptuando la corva, y que excedían una pulgada de los límites el tumor sinovial; cuyas cantáridas<!--[if !supportFootnotes]-->[41]<!--[endif]--> estuvieron aplicadas diez y siete ó diez y ocho horas; tiempo suficiente para que se obtuviera de su acción el objetivo apetecido, la vesicación. Exageraba el enfermo cuanto podía el padecimiento que produce esta medicación, porque sin haberse presentado en consecuencia de ella síntoma alguno general, aseguraba no consentir jamás en aplicarse otros vegigatorios, y contaba cuantas personas entraban á verle, la crueldad con que se le trataba: llegó a decir como de broma, que estaría yo de acuerdo con los que le querían mal para hacerle padecer o inutilizarlo; y aunque estas expresiones no podía yo menos de apreciarlas según el tono con que las pronunciaba, y con arreglo a la amistad que teníamos, creo ahora que si en efecto, no lo sentía tal y como lo decía, estaba persuadido de que mi equivocación le hacía padecer sin fundado motivo. Si aquellas expresiones las hubiera vertido formalmente las habría rechazado como facultativo y estrellado en su frente como hombre: ni de un modo ni de otro podía yo haberlas tolerado
Todo el mundo tiene derecho a opinar sobre la enfermedad del juez y la forma de ser tratada
Los entrantes y salientes, los aduladores de oficio, y los que con interesadas miras halagaba sus preocupaciones para influir en su ánimo y sacar partido de su sencillez y credulidad alimentaban tan descabelladas ideas: le decían unos ¿cómo es que una causa tan insignificante, una simple caída sobre las rodillas, ha producido una enfermedad tan larga? decían otros; una enfermedad que no duele, no quita el sueño ni el apetito, ¿cómo es que necesita un remedio tan activo como los vegigatorios que tanto hacen sufrir? replicaban aquellos; no teniendo en la rodilla llaga, rubicundez, ni dolor ¿cómo es que se ha hecho tal disparate? estos; ¿porque no se levanta vd. y despide al facultativo?. Todos concluían asegurando que yo me había equivocado; y en fuerza de la repetición de estas interesadas y maliciosas sugestiones, se dio por cosa evidente cierta mi equivocación. Pero no crea la Academia que eran muchas las personas que en tan mal lugar me ponían, no: eran dos señores médicos que no podían ver sin celos, las consideraciones con que hasta entonces me tratara el enfermo y el concepto que me he conquistado no por mi suficiencia (que creo nula) sino por mi fortuna. Uno de estos dos hijos de Esculapio que esperaba de la autoridad de don Mariano de Valdenebro una cosa que por ahora no me parece oportuno manifestar, porque no se roza con la profesión que ejerce(sic), se arrastraba hasta los pies de este para conseguir su amistad sin pararse en los medios de conseguirla: conoció el flaco del enfermo, y con menosprecio de la moral médica y de la verdad inseparables compañeras de la honradez y probidad inventaba intrigas para hacerle creer la conducta equivoca con que yo había dirigido la enfermedad, según su opinión. Sabía yo todas estas imposturas e intrigas porque tengo muchos mas amigos que el juez, y muchísimos mas que las personas interesadas en perjudicarme: pero fijo siempre en mi propósito de curar al enfermo, despreciaba por entonces cuanto mis enemigos propalaban. En efecto, á beneficio de la supuración producida por los vegigatorios, se observo á los seis días que se deprimían los tumores sinoviales y se facilitaban mas y mas los movimientos articulares; y cuando estaba ya casi formada la nueva epidermis y era nulo el movimiento supuratorio de la piel, me resolví a la siguiente:
Prescripción. Compresión suave é igual á la articulación enferma por medio de la venda de franela, y un purgante minorativo hecho con la infusión de hojas de sen y tremor tártaro, administrado de tres en tres días que llevaba bien el enfermo y que le producía de tres a cinco deposiciones.
El mismo enfermo comienza a rechazar los diversos tratamientos.
Antes de hacer uso de estos ausilios, había desaparecido de los dedos de las manos un poco del fuego herpético que tenían, y aunque quise hacerle desaparecer con alguna fricción de pomada estibiada, no permitió el enfermo su aplicación, protestando que aquella desaparición era natural como otras muchas veces había sucedido. De cualquier modo la absorción del acumulo sinovial, y la facilidad delos movimientos articulares seguían adelante, y cuando la fluctuación era ya imperceptible, se presentó en toda la superficie articular una erupción que produjo en mi concepto muchas mas ventajas que todo lo que se había practicado, y que evitó tal vez otra aplicación de vegigatorios, ó el uso de las pomadas del nítralo de plata y aun de las moxas. .Efectivamente, una infinidad de granitos y vesículas lenticulares que cada una daban una gotita de pus seroso, fue el más poderoso revulsivo para facilitar la absorción intra capsular y la estinción de la irritación de la membrana secretoria: participé al enfermo mi opinión, y le aseguré a la vez que aunque aquel fuego le incomodase algunos días, podía confiar en su bondad, por cuanto destruiría el resto de la enfermedad y aseguraría la radical curación: pero prevenido ya contra mi, y sin confianza en mis conocimientos por las maliciosas inspiraciones de mis enemigos, á quienes no comprendía ni conocía sus intenciones, estaba intranquilo y creía que la erupción era producto del error que me indujo a aplicarle los vejigatorios: de modo que este incidente tan útil en mi opinión, acabó de quitarme las dudas que respecto al enfermo tenía aún, y sirvió de nuevo pretesto para que mis detractores me inculparan á mansalva con mas crueldad y fiereza, propalando invectivas que se acogían por el enfermo y solo por él. Tuve aun la suficiente paciencia para esperar la desecación de la erupción, que no se verificó hasta los catorce ó quince días, a pesar de los fomentos emolientes y anodinos primeramente, y resolutivos después: pero llegó el día tan deseado por mi y como tenia previsto encontré la articulación sin acumulo sinovial, con estensos y fáciles movimientos, y sin otro síntoma que indicara la continuación de la enfermedad: mas deseando asegurar la curación, y restablecer el tono natural de la articulación, se prescribió: cuatro fricciones cada día a la articulación con el linimento volátil, simple al principio y alcanforado después: se suprime el uso de los purgantes, y se permite al enfermo levantarse, y que principie a dar algunos pasos por su habitación apoyado en una muletilla para evitar que el mucho peso de su cuerpo gravitara sobre la extremidad inferior derecha. A los siete u ocho días del uso de esta ultima prescripción quedaba únicamente en la articulación la natural e inmediata consecuencia de una enfermedad larga y que había necesitado condenar el cuerpo por mucho tiempo a la inacción: esto es, la debilidad.
A no poder con la enfermedad, Manuel Vicente Martínez envía al Juez Valdenebro a los baños de Alhama de Murcia
Por ella, aconsejé la continuación de las fricciones alcalinas por algunos días más, el ejercicio muy graduado con muchas precauciones, que tomase los baños termo minerales de Alhama de Murcia, y en el caso de que su ministerio no le permitiese ir al establecimiento, se le darían en tina imitándolos en lo posible”.
Tras esto, se convoca una consulta entre varios médicos entre los que se encontraban: Don Salvador González Pérez, alcalde y subdelegado de Sanidad, el cirujano Vicente Máñez y Grana residente en Almería y otro médico que no menciona pero que seguramente era Don José Latorre Campoy
Convencido y asegurado ya de la radical curación de la enfermedad volví la vista hacia mi honor ultrajado; y para colocarlo en el lugar que yo creía debía ocupar, provoqué una reunión de facultativos desinteresados y que por su carrera y práctica, conocieran á fondo la afección cuya historia procuraría hacerles del modo mas exacto que me fuese posible. En el curso de la dolencia, había propuesto varias veces al enfermo una consulta, pero sin saber porque no lo pude conseguir; y mientras el paciente me aseguraba la confianza que decía tener en mí, llegaban a mis oídos todas las intrigas y falsedades puestas en juego por mis comprofesores creídas y aún alimentadas por la misma persona y su familia que conmigo se explicaban en otro sentido. Lo único que pude obtener a mi justa demanda, fue, que tuviera la consulta con los dos médicos aparte desde luego de una amistad interesada solamente en sacar partido de mis escasos conocimientos, en la profesión que honradamente ejerzo.
Intenta convencer a sus compañeros reunidos en consulta de que su actuación había sido científicamente correcta
Hice la historia de la enfermedad con exactitud y sencillez, manifesté el método curativo que había empleado, y que condujo á la radical curación. Confesaron unánimes que en la articulación no quedaba vestigio alguno de la enfermedad; mas, el consultante pleitista en un largo y monótono discurso vino a decir que aquella sensación de debilidad que en las estremidades inferiores se sentía, no era debilidad, si no parálisis, y que con los baños de aguas del mar se curaría: y esto se redujo su discurso. Efectivamente con el primer baño que tomó el enfermo con el agua del mar templada, dijo el paralítico que ya estaba bueno. ¿No es este un milagro como el que Jesucristo obró con las aguas del Jordán? ¿Quién había de decir que en año 1849, se habían de curar los paralíticos con un baño de agua de mar templada? ¿Qué cuidado hay ya de contraer esa terrible enfermedad cuando queda extinguida con remedio tan sencillo? “Cito tuto est jucunde? ¿De que sirven los heroicos remedios aconsejados por eminentes prácticos contra las parálisis sino de atormentar a los míseros pacientes? Bórrense de las materias médicas, porque el señor don Vicente Mañez<!--[if !supportFootnotes]-->[42]<!--[endif]--> ha encontrado la piedra filosofal: a él se le debe ese grande é inapreciable descubrimiento con el que la especie humana está ya libre de esperiementar(sic) las terribles consecuencias de una enfermedad tan frecuentemente incurable. No se asombre la Academia, ni se sonría el mundo médico, porque el señor Máñez y el señor don Mariano de Valdenebro, interesados en mi humillación y un cirujano que a la sazón se hallaba en esta ciudad con motivo de transigir un pleito con uno de sus parientes; de cuya transacción esperaba sacar partido halagando las ideas del juez y adulando sus creencias- Todos cada cual á su modo, tenían interés en perjudicarme aun cuando conocía yo. No tuve inconveniente en admitir aquella impropia consulta con dos facultativos desautorizados y enemigos y uno poseído del interés pecuniario, porque lo que únicamente me importaba, era saber si las seguridades ofrecidas por el enfermo y su familia, eran tan sinceras como se me había asegurado. Afortunadamente comprendí lo que deseaba y me lo aseguran y no hay que replicar. Comprofesores ¡aprender... Aprended.. no os riáis este asombro, ni calculéis las causas de esta milagrosísima curación.
Siguen opinando sus compañeros:
Otro de los sapientísimos consultantes prescindiendo de la naturaleza de la enfermedad en cuestión, de su marcha y del método curativo empleado, dijo enfáticamente que las membranas sinoviales son escesivamente sensibles que no podía haber inflamación en ellas, sin que el enfermo esperimentara acerbísimos dolores, y que la palabra hidrartrosis, no significa lo mismo que hidropesía articular. Su cortísimo discurso se redujo á esto: pero empeñado en que creyéremos sus aserciones, sin probarlas con razones anatómicas y de dialecto medico, no se tomo el trabajo de convencernos, mas que los monosílabos si y no. Creo, que esto no prueba mas, que unía de dos cosas; ó una profunda ignorancia del punto que se discutía y del lenguage medico, á pesar de haber asegurado en cierta ocasión el Boletín de Medicina Cirugía y Farmacia que los médicos estudian el griego, o un plan combinado para herirme y sorprenderme. Tal vez y sin tal vez se una cosa y otra. De cualquier modo es digno de compasión o desprecio el hombre que sin ninguna copia de razones suelta expresiones que no es capaz de sostener, aunque sea con sofismas. El último que tomó la palabra, digno alcalde de esta ciudad, y dignísimo Subdelegado de Medicina y cirugía del partido<!--[if !supportFootnotes]-->[43]<!--[endif]--> dijo: que con sin perjuicio de que se trataba de una enfermedad que no era de su profesión, no hubiera aplicado sanguijuelas a la articulación afecta, porque favorecen con frecuencia a la supuración y porque es el enfermo de temperamento linfático: que no se podían conocer las alteraciones de las cápsulas sinoviales , sin confundirlas con las de los demás aparatos articulares: que había sido poca la cantidad del humor acumulado, y en fin, que el método empleado por mi curaba unas hidrartrosis y otras no.
Insulta como se ve al señor alcalde (y Subdelegado de Medicina) que era uno de los médicos que discrepaban de su actuación durante el desarrollo de la consulta convocada.
¿Estas sandeces merecían acaso contestación? No señor porque son dignas del desprecio y solo dignas del talento de quien las producía. Sin embargo, me preparaba á ridiculizarlas, como á las de los otros, y se me dejó con la palabra en la punta de la lengua, diciendo la señora de la casa y del ya curado caballero "vamos, vamos á lo que importa, dejemos eso, y veamos lo que en adelante se hade hacer” es decir, no quiero que contestes con las ventajas que tienes sobre estos dignos hijos de Esculapio y curar la parálisis del enfermo.....¿No fue este un medio noble de impedirme la defensa?
Y con tristeza finaliza:
Salí de aquella casa donde había prestado tantos servicios para no volver a entrar, y con la satisfacción de haber curado la enfermedad. Satisfacción de que no me pueden privar mis enemigos con sus intrigas y complots, aunque me ha valido el triste desengaño de conocer lo poco que podía y debía apreciar la amistad del enfermo y su familia. La crasa ignorancia y refinada malicia de unos facultativos intrigantes y egoístas y la persecución que hoy experimento en todo lo que la profesión se roza con las autoridades civil y judicial, hasta el punto de haber tenido que renunciar la titular ,y antes de ser despojado, y por evitar toda comunicación con dichas autoridades “
¿Que fue lo que determinó que el profesor Vicente Martínez abandonara el pueblo?
¿El afán de ocuparse de casos muy difíciles que no supo bien llevar como el del juez?
¿Su lengua mordaz? ¿La mala relación con sus compañeros médicos y en especial con el alcalde y subdelegado de Medicina? ¿Sus artículos atacando no sin razones a todo el mundo a diestro y siniestro?.
Lo cierto es que en fecha de 30 de diciembre de 1849 nuestro hombre aparece como cirujano ejerciendo en el pueblo de Camarillas en la provincia de Teruel.
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<!--[endif]-->
<!--[if !supportFootnotes]-->[1]<!--[endif]-->MADOZ, Pascual:(1845-1849):Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid.15 tomos. refiere el estado tanto del partido Judicial de Vera así como de la ciudad. Vera tiene 10.000.habitantes aproximadamente, un hospital y las enfermedades mas frecuentes son las fiebres intermitentes. Vive de la agricultura, la pesca y la minería.” .El descubrimiento del filón de plomo argentífero en sierra Almagrera, así como la actividad minera desarrollada en los alrededores, llevara a un crecimiento económico muy importante en toda la comarca, acompañado de un gran incremento de la población. A la pujanza minera le acompaña un importante desarrollo agrícola, siendo esta zona donde primero se introdujeron los cultivos de naranjos”.
<!--[if !supportFootnotes]-->[2]<!--[endif]-->OCHOTORENA(1976):Almería la vida de una ciudad 2 vols.
<!--[if !supportFootnotes]-->[3]<!--[endif]-->GUILLEN GOMEZ; Antonio:”Libertinos, masones, subversión política e inquisición en los partidos de Vera y Mojácar: la causa inquisitorial contra su alcalde mayor, D. Juan Guillermo Monreal,(1818-1821)” Axarquía, nª 4.1999.55-62.
<!--[if !supportFootnotes]-->[4]<!--[endif]--> LA UNIÓN. Periódico de la Academia Quirúrgica Matritense .Oficial de la cesaraugustana y mallorquina. Manejo desde el nºI de 7 de Noviembre de 1847 al nº 111 d e 10 de diciembre de 1849.Comprenden los años I y II de la publicación con 458 y 366 páginas respectivamente. En lo sucesivo LA UNIÓN.
<!--[if !supportFootnotes]-->[5]<!--[endif]--> ALBARRACIN TEULON, A(1969):"La asistencia médica rural en la España del Siglo XIX".;Asclepio , XXI:35-42;Madrid.
<!--[if !supportFootnotes]-->[6]<!--[endif]-->Véase ALBARRACIN TEULON,A.(1972):"Intrusos , charlatanes, secretistas y curanderos. Aproximación sociológica al estudio de la asistencia extra científica en la España del Siglo XIX". Asclepio, XXIV:323-66;Madrid.
ALBARRACIN TEULON, A.(1974):"La titulación médica en España durante el siglo XIX".Cuadernos de Historia de la Medicina Española, XII:15-79,Salamanca.y ALBARRACÍN TEULÓN, A(1974):La asistencia médica en el Siglo XIX. Cuadernos de Historia de la Medicina Española, XIII, pp. 133-205.
<!--[if !supportFootnotes]-->[7]<!--[endif]--> TOMAS LATORRE CAMPOY Licenciado en Medicina nombrado médico titular de Vera en 1847 “y que mediante a qué por residir actualmente en Garrucha el que lo era José de la Torre, no pueda en el día continuar en este cargo” Es nombrado médico consultor de Garrucha y médico de la Junta de Sanidad de Vera en 1852. En 1859 hay temores ante la epidemia de cólera en pueblos de la provincia y algunos de en la provincia de Murcia. Don José Latorre era alcalde pedáneo de Garrucha nombrado por el Gobernador Civil en 1859 para realizar la transición hacia la independencia de Garrucha como municipio. En 1860 el cólera llega a Cuevas de Almanzora. Los vecinos de Garrucha solicitan la creación de una plaza de médico titular debido al aumento de la población(2.116 hs.).1861: era alcalde pedáneo cuando el 1 de enero tras la segregación de Garrucha como municipio independiente del de Vera, se constituye el nuevo ayuntamiento Don Tomás de Latorre recibe el juramento del nuevo alcalde Manuel Berruezo “jurando por Dios y los Santos Evangelios, guardar y hacer guardar la constitución de la Monarquía y las leyes, ser fiel a S.M. doña Isabel II y conducirse bien y lealmente en el desempeño de su cargo”.Se nombra como procurador síndico del Ayuntamiento a Don Tomás de Latorre._Entre otros acuerdos se crean diversas comisiones municipales. La comisión de Instrucción primaria es formada por Don Tomás de Latorre el teniente cura del pueblo y dos vecinos más. La Junta Municipal de Sanidad estaba compuesta por los regidores Pedro Berruezo y Andrés Cervantes, el teniente de Cura, el facultativo Don Tomás de Latorre y dos vecinos más. En 1862 firma el acta del Pleno en que se reflejan los resultados de las elecciones municipales de Garrucha.
<!--[if !supportFootnotes]-->[9]<!--[endif]--> En Vera existían varias pedanías como Garrucha, La Jara, El Real, Zahurdicas, la Alcaná, La Hoya, Pulpí, la Fuente, Bernal, etc.
<!--[if !supportFootnotes]-->[11]<!--[endif]--> ARCHIVO MUNICIPAL DE VERA(AMV): Actas Capitulares, año de 1845.
<!--[if !supportFootnotes]-->[13]<!--[endif]--> José de LATORRE CAMPOY: Médico de Garrucha en 1845.En 1845 el Presidente de la Junta Superior de Sanidad de la Provincia de Almería, solicita al Ayuntamiento de Vera un informe acerca de la conducta política observada por el médico don José de la Torre. En este informe se señala “que desde el año pasado de 1835 siempre se ha conocido pertenecer al matiz político llamado “progresista”, en el que sigue”(16 de abril)_En 1848 Don José de Latorre Campoy es médico de la pedanía de Garrucha.
<!--[if !supportFootnotes]-->[16]<!--[endif]--> Este cirujano fue encarcelado acusado de envenenar a un enfermo que murió.
<!--[if !supportFootnotes]-->[18]<!--[endif]--> Agradezco este análisis literario y lingüístico de la prosa de De Manuel Vicente, al eximio poeta y literato albojense José Antonio Sáez.
<!--[if !supportFootnotes]-->[19]<!--[endif]-->Gerónimo Ortuño ejerció largos años en Huércal Overa como vemos en referencias posteriores de GARCIA ASENSIO; Enrique: (1908-1910): Historia de Huércal Overa y su comarca. 3Vols.Murcia. En la epidemia de cólera (de ámbito nacional) que llega a Huércal-Overa en 1855, entre las medidas sanitarias adoptadas por el Ayuntamiento, la 3ª era la de abrir una suscripción popular colectiva y voluntaria "para si viniese la invasión a la villa"( García Asensio,,T.II,p.575).Don Jerónimo Ortuño(Cirujano),ofreció su sueldo completo durante el tiempo que durara la epidemia de cólera.(Murieron en el término municipal 105 personas). Fue el padre de JERÓNIMO ORTUÑO ORTEGA:(1857-1937) Médico Titular de Taberno y de Huercal-Overa nacido en 1857. Licenciado el 17 de octubre de 1896. Estudió la carrera en Madrid.“Buen médico y excelente persona” . En 1887 es nombrado médico titular de Taberno, donde ejerce mas de 20 años. Casado con doña Francisca Torres Ballesta, llego a Taberno con tres hijos naciéndole luego nueve más. Una hermana suya casó con el alcalde de Taberno, García González, del que fue su tercera esposa. Y una hija de Don Jerónimo Ortuño casó también en Taberno con un hijo de Gaspar Pallarés Sánchez varias veces concejal del ayuntamiento y recaudador de impuestos locales..En 1897 firma un certificado sobre la muerte de un presbítero que figura en el libro de defunciones de Albox del citado año. En 1910 pasó a ejercer como médico titular a Huercal-Overa. Allí ejerció hasta su muerte en el 10 de Octubre de 1937.
<!--[if !supportFootnotes]-->[20]<!--[endif]-->José LÓPEZ: :Médico-Cirujano en Berja en 1851.:La Unión Médica en su nº 216, de 24 de Diciembre de 1851, se publica la noticia de que fue muerto por Manuel Cruz Martínez,,profesor de Cirugía en esta ciudad (Este tema lo trataré más ampliamente en mi libro de próxima publicación sobre Médicos Almerienses del siglo XIX.
<!--[if !supportFootnotes]-->[21]<!--[endif]--> Se trata de DON JOSÉ COTANS MOLINS médico de Cuevas de Vera en 1936. .Aparece en el documento CRIMINAL DE OFICIO DE JUSTICIA CONTRA LOS QUE RESULTEN REOS Y CÓMPLICES EN LA HERIDA CON ARMA DE FUEGO QUE SUFRIÓ ANTONIO COLLADO DUARTE, DE CUYAS RESULTAS MURIÓ, trascrito en la obra de MORALES PAYÁN, Miguel Angel (1998): La justicia penal en la Almería de la primera mitad del siglo XIX. Almería., IEA .p.77 y p.100 y ss.
<!--[if !supportFootnotes]-->[22]<!--[endif]-->. FRANCISCO CAICEDO MARTÍNEZ: Cirujano en Cuevas de Vera, hacia 1845.(Véase La Unión. Periódico de la Academia Quirúrgica matritense de 1 de Noviembre de 1847p.121 Ejercía todavía como Cirujano en Cuevas de Vera, en 24 de Enero de 1848 (Interviene como firmante en la denuncia que propone el cirujano de Vera Manuel Vicente Martínez contra el de Huércal- Overa, Jerónimo Ortuño. En 1875 es uno de los cinco médicos que solicitan la plaza de médico del Hospital de Nuestra Señora del Carmen del Jaroso.(El Minero de Almagrera,8 de enero de 1875,nº 46)
<!--[if !supportFootnotes]-->[23]<!--[endif]--> Vicente JUAN Y BLANES(1812-1885) Médico-Cirujano en Cuevas de Vera.”Ilustrado y competente tocólogo”. Este médico ejerció muchos años en Cuevas y es el padre del también médico cuevano Vicente Juan Esteban Blanes famoso oculista del último tercio del siglo XIX.
<!--[if !supportFootnotes]-->[25]<!--[endif]--> En adelante y cuando se trate de escritos de Manuel Vicente, las palabras que llevan la letra X, aparecerán siempre sin esa letra sino con la S ya que nuestro cirujano escribía siempre sin tener en cuenta la existencia de aquella letra (la X).
<!--[if !supportFootnotes]-->[28]<!--[endif]-->Obsérvese un discurso del mas estricto lenguaje liberal y de pensamiento revolucionario
<!--[if !supportFootnotes]-->[29]<!--[endif]--> Subrayo esta expresión como ejemplo de la forma de revelarse de nuestro cirujano en contra de las autoridades civiles.
<!--[if !supportFootnotes]-->[33]<!--[endif]-->Ideas sociales a favor de las clases desfavorecida que confirman su ideología progresista y liberal.
<!--[if !supportFootnotes]-->[34]<!--[endif]-->Apela aquí al compañerismo cuando otras veces arremete ferozmente contra sus compañeros.
<!--[if !supportFootnotes]-->[36]<!--[endif]-->La intervención quirúrgica hubo de ser tan rápida porque se realizaba sin anestesia ya que entonces concretamente por estos años el éter y el cloroformo estaban en fase de experimentación eso si, con resultados espectaculares lo que lleva a la cirugía de la segunda mitad del siglo a grandísimos progresos. El método circular es el que requiere menos habilidad manual y el más rápido, y el que produce las heridas más pequeñas.
<!--[if !supportFootnotes]-->[37]<!--[endif]--> , La Unión año,II,n º62 p..5-8 y el Domingo 14 de enero de 1849,pp. 10-11,n.63,
<!--[if !supportFootnotes]-->[38]<!--[endif]--> En La Unión, nº de 12 de Abril de 1849:.pp.101-102-103
<!--[if !supportFootnotes]-->[39]<!--[endif]--> La Unión nº 107 de Nov.1849,año II,p..319-323,nº 108 (25 Nov. 1849) pp.. 327-330, nº109 (2 dic.1849) pp..333-336,nº110(9 dic.1949) pp.339-343 y nº 111,16 dic.1849.pp.349-351,
<!--[if !supportFootnotes]-->[40]<!--[endif]--> Los vermes conocidos con este nombre y usados ya en la antigüedad como medio substractor de sangre, corresponden á la especie sanguisuga Savigny (orden de las hirudíneas ó dioscóphoras), siendo oficinales en general, puede convertirse en una bomba aspirante que. lo mismo que la ventosa que se encuentra en la parte posterior del cuerpo, puede Viven en los arroyos tranquilos ó de curso muy lento y en los pantanos cenagosos, y alcanzan diez años y más de vida.
Se empleaban como remedio extractor de sangre en diversas afecciones inflamatorias y congestivas
<!--[if !supportFootnotes]-->[41]<!--[endif]--> Nombre con que se conoce al insecto Cantharis vesicatoria desecado y cuyo principio activo es la cantaridina. Se emplea al exterior como rubefaciente y vesicante en forma de cerato de cantáridas que se deja en contacto con la piel durante unas horas hasta que se produce una vesicación.
<!--[if !supportFootnotes]-->[42]<!--[endif]--> Se trata de Vicente Máñez y Grana, cirujano que ejercía en Almería por aquellos tiempos. Vicente MÁÑEZ Y GRANA, es nombrado cirujano segundo del Hospital de Almería en 14 de Mayo de 1837.También es nombrado en esta misma fecha como "Cirujano primero”, don Jaime Bórux.
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